
Cogí el tallo de una rosa, un tallo intenso. Y la rosa que además era roja imantó mi mano haciéndome apretar por una noche entera sus espinas en mi sangre.
Al parecer esto de los jardines no es para principiantes. Menos estos jardines en el desierto, donde a veces el alba puede ser bondadosa y llenar mi taza de café con café, dejándome pensar otra cosa distinta que la flor de la noche anterior, y de las noches siguientes.







